Los Tres Mundos, Antropología de Origen y Sostenibilidad Global. Aquí el Ashi la canción cuántica Pre-Inca del destino y la economía agraria colectiva
Por: Luzmila Simeona Oscanoa Rivas (*)
Restauración Estratégica: Jesús Clemente Espinoza Oscanoa
ASHI: FOLKLORE PRE-INCA DEL PERÚ PROFUNDO
Mientras el imperio incaico celebraba el Inti Raymi, las nacionalidades Pre-Incas del centro del Perú ejecutaban el «Ashi», un sofisticado ritual de sintonía cerebral, competencia de género y lectura predictiva del destino a través del folklore. Recuperado tras décadas de olvido por la maestra Luzmila Simeona Oscanoa Rivas, este cantar dialogado en quechua revela el funcionamiento de una sociedad sustentada en la bioeconomía agraria, el orden absoluto y el entrelazamiento cuántico con los tres mundos (Ukupacha, Kaypacha y Hananpacha). Un tesoro inmaterial que la plataforma MUYUY 360 entrega hoy al mundo.
LA IMPORTANCIA ESTRATÉGICA DEL FOLKLORE Y
LAS TENDENCIAS GLOBALES
En el mercado contemporáneo, el concepto de folklore ha evolucionado. Ya no se define como una simple representación exótica o nostálgica del pasado, sino como el activo cultural y geopolítico más valioso de los pueblos originarios. Las tendencias internacionales en turismo de élite exigen el rescate de manifestaciones autóctonas puras que ofrezcan a los viajeros una reconexión mística y biológica con el origen. El Ashi (cuyo nombre original es Paquikui, que significa «rómpete») es una tecnología social de sintonía colectiva que erradica el distrés urbano, limpia la corteza cerebral a través del canto rítmico («waz, waz, waz…») e inyecta optimismo, eustrés y motivación para el trabajo productivo en la comunidad. El eustrés (o «estrés positivo») es la respuesta adaptativa del cuerpo y la mente a una situación desafiante. A diferencia del estrés negativo (distrés), el eustrés es estimulante, motivador y se percibe como una oportunidad para crecer o lograr una meta, mejorando así el rendimiento, la concentración y la creatividad.
EL ASHI Y LA DECODIFICACIÓN CUÁNTICA DE LOS TRES MUNDOS
El canto dialogado del Ashi no es un simple entretenimiento; es un mapa hermético que interpreta y equilibra las tres dimensiones de la existencia en la cosmovisión andina amazónica:
- El Ukupacha (El Mundo de Abajo / El Origen): Representado en el ritual a través de la búsqueda de la arcilla (Mitu) para modelar divinidades, la recolección en los manantiales puros, el encuentro con el Wanchaz (el sapo místico de la salud) y la Illa petrificada de la abundancia. Es la conexión con las fuerzas internas de la Tierra, los puquios subterráneos y los ancestros.
- El Kaypacha (El Mundo del Aquí y el Ahora / La Realidad): Expresado con crudeza y belleza en las estrofas de competencia entre hombres y mujeres. Es el mundo del trabajo físico, el Matipacui (el banquete comunitario), el tostado del maíz, el charqui y la papa, donde la subsistencia se transforma en una fiesta de orden y limpieza absoluta.
- El Hananpacha (El Mundo de Arriba / Lo Cósmico): Manifestado en la cumbre antes de las 5:00 a.m. Los comuneros ascienden para dar gracias al Pachakamakuq e interactuar con el Sol (Inti), la Luna (Quilla), las estrellas y el Arco Iris. Es la frecuencia más alta, donde las mentes se limpian y se imita el vuelo del Cóndor y el Picaflor para sintonizar con inteligencias superiores.
SEMIÓTICA TEXTIL: LA INDUMENTARIA DEL ASHI COMO DOCUMENTO DE IDENTIDAD Y GEOPOLÍTICA PRE-INCA
En el Perú prehispánico y de las nacionalidades Pre-Incas, el folklore y la danza no eran únicamente manifestaciones artísticas; constituían el escenario principal para exhibir la geopolítica y el estatus de cada pueblo. Estudios antropológicos e históricos demuestran que la vestimenta tradicional funcionaba como un sofisticado sistema de comunicación no verbal y «documento de identidad visual». Durante los grandes encuentros interregionales donde se ejecutaba el Ashi, bastaba con observar la indumentaria, el tocado o la lliclla de un participante para identificar con precisión matemática a qué comunidad, microcuenca o nacionalidad ancestral pertenecía.
Esta diferenciación se lograba mediante una compleja iconografía andina-amazónica plasmada en los textiles. Los ancestros no tejían por azar; cada figura geométrica (tocapu), cada combinación de hilos y cada representación estilizada de la fauna local —como las espirales que evocaban el agua de los manantiales, los rombos que simbolizaban los Apus o las aves como el cóndor y la gaviota— eran códigos semánticos que narraban la historia de origen, el piso ecológico y el linaje de la nacionalidad.
El color de los tintes naturales (extraídos de plantas, cortezas y la cochinilla) comunicaba, además, la jerarquía social del portador. La vestimenta del Ashi era, por lo tanto, una enciclopedia viva y una armadura de orgullo identitario; un sistema tecnológico textil que demostraba que la soberanía de los pueblos originarios nacía de su capacidad para tejer su propia relación con el cosmos.
UNA SOCIEDAD SUSTENTADA EN LA ECONOMÍA AGRÍCOLA Y EL CUIDADO DEL ENTORNO
El manuscrito del Ashi demuestra que las sociedades Pre-Incas poseían una madurez ecológica y organizativa avanzada que la civilización urbana moderna ha perdido por completo. Durante la fase del Matipacui (el banquete), la regla comunal era estricta: al concluir la celebración al amanecer, no se permitía dejar ninguna huella o residuo en el espacio de la fiesta.
Todos los comuneros recogían y enterraban los residuos orgánicos, dejando el entorno impecable hasta el año siguiente. Esta práctica de economía circular y cuidado del paisaje demuestra que la riqueza gastronómica y la abundancia agrícola andina nacían del respeto reverente hacia el suelo y el agua.
EL RIMAPAQ Y LA NEUROCOMUNICACIÓN PREDICTIVA: EL CÓDIGO DEL «AU» Y EL «MANAM»
El ritual del Ashi se ejecutaba bajo la dirección del Rimapaq (el moderador o líder del diálogo), un consultor de comunicación natural que guiaba las fuerzas emocionales del pueblo. La comunidad respondía de forma coral y neurocerebral ante las frases de destino emitidas por el Rimapaq:
- El Código del AU (Sí): Activaba el eustrés y el optimismo ante los presagios de madrugar (Waraillanquichu) y trabajar duro. El cerebro asimilaba la disciplina como un honor colectivo.
- El Código del MANAM (No): Bloqueaba de forma cuántica la tristeza, el sufrimiento (Laquinquichu) y el llanto, desterrando el distrés y el desánimo de la mente de la población.